la semana santa - retornar a las raÍces -

Hay que detenerse y meditar. Otrora, La Semana Santa en Guatemala tenía elementos que la hacían íntima y personal; la entendíamos como un asunto de unidad familiar y de cohesión en un circuito de amistades en las cuales todos, a veces mas a veces menos, sentían, pensaban y coincidían en puntos que eran básicos, en un imaginario sencillo y fácil de absorber. Hoy el asunto ha cambiado y creo que habría que redimensionar la Semana Santa como un todo, tratar de devolver el tamaño y espacio justo a las conmemoraciones tradicionales, creo que ha llegado el momento en que los cucuruchos y cucuruchas debemos plantearnos la necesidad de reinventar el pasado, en lugar de estar imaginando futuros que, en algunos casos se pierden en el camino por irrealizables, por mundanos, por extravagantes. Es imprescindible que los cucuruchos que se integren a filas sean un poco mas como los que ya estamos en ellas, y no me refiero a una uniformidad robótica de forma de sentir ni de pensar, sino que exista unidad de criterio y complicidad en el objetivo básico de éstas conmemoraciones. No abogo (y que quede claro) por una exclusividad, una manera clasista de concebir la Semana Santa, sino que simplemente pienso que debemos hallar esos elementos que son los básicos y fundamentales, (hay que revisar la historia y la tradición) y de esa manera, guardando la esencia de la Semana Santa, podremos conservarla por muchos años, de lo contrario la perderemos para siempre.

Las apariencias engañan y las procesiones parecen gozar de buena salud; y es que no debemos engañarnos por esa explosión de número, éste entusiasmo colectivo en éstos primeros años del siglo que inicia, no debemos dejar que el asombro y el entusiasmos por éste boom de números y records de la Semana Santa, pues el análisis sería incompleto y sesgado, ya que si analizamos la estructura de un cortejo, referido como un todo… desde las ventas de avanzada, la preparación de alfombras hasta la barredora municipal, tendríamos que aceptar que en mucho, un cortejo del siglo XXI dista mucho de ser lo que era inclusive en los años ochenta. El espíritu es el mismo, el sentir es idéntico, pero la expresión ha cambiado y eso quizá sea perjudicial. Entiendo que obviamente las cosas deben evolucionar y que el cambio es necesario, pero el elemento básico de la Semana Santa se ha convertido en una manifestación cuasi-turística en el mejor de los casos, y en el peor de ellos en esa insana competencia que se produce de una procesión a otra y que termina en los cismas, rompimientos, acusaciones y demás, en el seno de las propias, cofradías, asociaciones y hermandades de pasión. Se ha abierto un espacio para el poder y la influencia, en donde esos elementos son directamente proporcionales a la distinción del devoto, al turno asignado, al cargo que se ostenta, al puesto directivo que se detenta, y que muchas veces (y debemos reconocerlo) se prostituye. “Que turno cargas… eso sos en el espectro de la Semana Santa”. Vanidad de vanidades, que ha inundado poco a poco y sin que nos demos cuenta las filas de nuestras procesiones; es así grupos, grupúsculos, asociaciones y fraternidades de cucuruchos se reúnen para figurar (salvo honradas y evidentes excepciones) con el pretexto de impulsar la fé y las tradiciones se convierten en patronatos de amigos que trafican con la tradición en base a influencias y el peor de los casos comercian con nuestras imágenes. ¿ Que antes también era así..? pues no lo sé, pero ese argumento es como aceptar que a un enfermo no hay que darle medicamento pues de todas maneras va a morir.

No creo tener la totalidad de las respuestas, no pretendo convertirme en la conciencia colectiva del cucurucho guatemalteco, dichas posiciones serían absurdas y ridículas, pero después de mas de veinticinco años de ir en filas, de miles de cuadras caminadas, cientos de turnos cargados y una devoción que por íntima es inexplicable, creo poder intentar llamar la atención, para que todos retomemos el sentido de las funciones de Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. Ojala que la cada vez más cercana Cuaresma 2008 pueda ser el inicio de una época de mesura y sensatez en el ámbito cuaresmal de nuestro país.

 

el humo blanco

El fragante humo blanco del incienso es sin duda un elemento indispensable para las funciones propias de la Cuaresma y Semana Santa en nuestra tierra, ya que aunque se utiliza durante todo el año en diversas ceremonias, es en ésta época en la que adquiere un papel diríamos protagónico. En la antigüedad las raíces de su uso son variadas ya que era empleado con propósitos profanos para combatir la languidez o fatiga producida por el excesivo calor, tal como se utilizan los perfumes ahora, de hecho en la antigüedad el incienso era utilizado para aromatizar los ambientes que eran contaminados debido a los malos olores provocados por las precarias medidas sanitarias existentes. Para lo que nos ocupa hay que indicar que no es fácil precisar cuando exactamente se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia. No existe evidencia confiable en las primeras cuatro décadas de cristianismo. Sin embargo, su uso común en el Templo y las referencias que se hacen de él en el Nuevo Testamento (San Lucas, I, 10; Apocalipsis, VIII, 3-5) sugerirían una relativa temprana familiaridad con el culto Cristiano. Por otra parte el uso de esencias aromáticas –entre ellas el incienso- es común y extendido en las religiones orientales y en los credos de base en la filosofía hindú y china; moda que se ha importado desde esas regiones a occidente, provocando una moda de olores, fragancias y aromaterapias, que poco o nada tienen que ver con nosotros y nuestra fe

En nuestros tiempos y desde hace siglos, la Iglesia Occidental utiliza el incienso en las Misas solemnes, bendiciones solemnes, funciones y procesiones, oficios corales y en las absoluciones de los difuntos. En estas ocasiones las personas, lugares, y cosas tales como las reliquias de Cristo y de los Santos, crucifijo, altar, libro de los Evangelios, féretros, restos, sepultura, andas, doseles, palios, etc. Se inciensan, con profusamente. El incienso, al ser utilizado, comúnmente se usa por quema directa, sobre fuego o brasas y en otras ocasiones se consume por calor que se aplica de manera indirecta por medio de metales o cristales. Sin embargo, como dato curioso y referencial, existen dos casos donde el incienso no se consume, estos eventos se materializan en los granos colocados en el Cirio Pascual y los granos colocados en el sepulcro de los altares consagrados. Durante la Misa, el incienso que se quemará para purificar el altar, generalmente se bendice antes de ser utilizado. El Incienso, con su perfume dulce y el humo blanco que asciende es típico de las oraciones tanto del rito latino como del griego, plegarias que se avivan en el corazón por el fuego del amor de Dios y exhalan la fragancia de Cristo, que se eleva haciendo dignas y agradables las ofrendas a Sus ojos

Para el cucurucho el incienso es fundamental, imprescindible y básico. Conozco varios obsesos por el humo blanco. Debo reconocer que me debo contar entre ellos, confieso pertenecer a esos seres que suspiran por el característico olor, aroma penetrante y profundamente dulzón, pero sobre todo ser cautivo del efluvio capaz de despertar la nostalgia de una semana santa pasada, acentuar el futuro de las que están por suceder y sobre todo hacer levitar las oraciones hechas fumarolas de espeso y espiritual humo blanco, ese que surge lentamente de vetustos incensarios de latón que repletos de vernáculo carbón vegetal llevado a la combustión por medio de purificador fuego, se ve convertido así en la cuna ideal para que los hidrocarburos aromáticos policíclicos, nos hagan respirar cuaresma.

Esos varios amantes del humo blanco –cucuruchos todos- a quienes me referí antes, tienen sus ceremonias personales con relación al incienso y quienes de ellos se precian de ser ahumadores profesionales tienen sus propias recetas para disponerlo y es que hay diversidad de tipos de incienso como existen mucha formas y maneras de prepararlo para el cortejo. He escuchado distintas fórmulas y recetas, que van desde agregar azúcar morena en dos partes por cada diez de incienso hasta la mirra en “volcancito” que una vez deshecha se agrega en proporción de una medida por cada libra de incienso blanco; pasando por quienes le agregan un par de clavos de olor y una raja de canela mediana a cada libra, eso sí todo bien molido y perfectamente disuelto en la mezcla. El laurel es también una forma de aromatizar diferente, el problema es que oscurece el humo y si se pone mucho, oculta totalmente el olor a incienso. Hay quienes introducen tantas cosas y procesan tanto la mezcla que el producto es una mezcolanza amelcochada que sin embargo produce aromas mágicos y profuso humo. El carbón es otro asunto, nunca debe estar hecho pedacitos, ni tampoco debe ser colocado en trozos grandes, sino que en trozos medianos, de textura no muy porosa y que éste totalmente seco, aparte de esas consideraciones debe tenerse en cuenta que el fuego debe provocarse con el tradicional ocote y evitar el uso de componentes inflamables químicos quizá más efectivos pero que adulteran el aroma de la esencia. No hay peor cosa que un incensario, que por inexperiencia o simple descuido, produce humo pero no aroma, que exhala simple olor a humo; esto ocasiona una molesta nube que contrario a los fines y objetivos del ahumador, en lugar de llamar a la meditación y de sacralizar el ambiente, provoca incomodidad y malestar a quienes acompañan las andas y sobre todo a quienes desde la acera las contemplan y veneran. En Guatemala, son los antigueños quienes particularmente se enorgullecen, con sobrada y justificada razón, de la cantidad y calidad de humo que llevan sus cortejos. Quien ha contemplado tal situación debe coincidir en que es un hecho aparte, un suceso memorable, una ceremonia especial, una ocasión para el recuerdo el poder ver al desfile de hermanos que armados de tenazas, carbón, sopladores y muchas cosas más, van llenando el ambiente de esa particular fragancia

Así pues que a disfrutar del humo… Hermanos de faena procesional, dispongámonos a aspirar los efluvios que se desprenden de esos pebeteros que mecidos con amor y dedicación, preparan el ambiente para el paso de Jesús y de nuestra Madre. Es por ello que es mi deseo y súplica al Nazareno que cada incensario sea motivo de gozo y algarabía de nosotros los cucuruchos y de las devotas. Que nuestra oración llegue al Padre Bueno, en medio de esa espiral de humo blanco y que como éste, nuestra plegaria llegue al cielo. Que el efecto purificador del fuego sea real en nuestra vida y que Cristo Jesús que hace todas las cosas nuevas, nos convierta en los hijos que Él desea tener.

 

cucuruchos de pascua

-El sentido de conmemorar la Pasión-

La idea de pertenencia, es sin duda uno de los vínculos que unen a esa gran casta de cucuruchos y cargadoras que durante todo el año, pero particular y esencialmente durante la Cuaresma y Semana Santa, son baluartes del carisma que el pueblo católico guatemalteco tiene en cuanto a la devoción a la Pasión de Jesús. Y es que el cargador de Semana Santa ciertamente se afirma plenamente como parte del cortejo en que participa. No podría ser de otra manera ya que ese conglomerado vivo que es una procesión no sería nada sin la participación de los devotos, el cucurucho se siente miembro de ese algo intangible que es el cortejo, y digo intangible ya que una procesión existe gracias a sus aspectos materiales, parafernalia tan diversa como asociaciones o hermandades hay, pero ésta se hace palpable cuando esta en plena calle, cuando el elemento humano toma acción y se aplica a dichos elementos dándoles vida y animándolos cuando salen del templo.

Cada procesión de Semana Santa es única e irrepetible, inclusive las que salen del mismo templo y con el mismo recorrido son diferentes entre sí, de hecho cada una de ellas se constituye con sus características propias, en simiente de anécdotas que van desde lo personal o lo familiar, hasta aquella que abarca a todo el grupo de organización de la misma o mejor a toda la colectividad que constituye un cortejo de esta naturaleza.

La mayoría de cargadores de identifica con una hermandad o asociación en especial, pero existe un buen numero de devotos que independientemente de esto, participan en la mayoría de cortejos y son sin duda alguna el alma de la Semana Santa. Son esos rostros de desconocidos que paradójicamente nos son conocidos, esas fisonomías que reconocemos cada año en esa época que nos regocija plenamente y que nos hace sentirnos participes de una procesión. Es una intima satisfacción y un recto orgullo, el tener por la gracia de Dios la posibilidad de ser participantes y piezas de la Semana Santa mas colosal del mundo, la que se conmemora en Guatemala.

La Cuaresma y Semana Santa nos hace sentirnos parte de ese fragmento que dentro de la Iglesia Católica siente especial devoción por las llagas de Cristo, esta situación en muchos casos abre la puerta a críticas acerca de la importancia que los cucuruchos le damos a la muerte de Jesús, a su dolor y a la casi indiferencia con que aparentemente celebramos la Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor. Es doloroso que muchas veces las críticas provengan de nuestros propios hermanos católicos, ya que de los hermanos separados es comprensible esa actitud, dada su postura ante las imágenes, pero que existan – y vaya si los hay- católicos que critican a los cucuruchos es lamentable, primero porque demuestra muy poca caridad cristiana y en segundo lugar porque las críticas surgen de generalizaciones que muchas veces se basan en las actitudes de malos devotos cargadores, cucuruchos que no aciertan todavía a entender lo que ser cargador significa, el compromiso que encierra y que esta tradicional y amada practica no nos exime de nuestras demás obligaciones dentro de la Iglesia. Lo maravilloso de nuestra Iglesia es que dentro de su seno cobija a distintas tendencias y muchos carismas que se reúnen dentro de la misma doctrina, en eso radica, el catolicismo como tal.

Pareciera que muchos cristianos no tienen claro que para que cristo resucitara, debía morir y padecer como lo hizo. Es muy simple entonces entender como los miembros de la colectividad de cucuruchos, recuerdan especialmente su muerte y sus padecimientos. La vida del cristiano se basa en la alegría de la resurrección de Cristo, pero esta alegría debe abonarse con el amor a la Cruz, con la entrega a los semejantes hasta la muerte, con la aceptación del dolor; si no comprendemos lo que cristo padeció al morir y poder así resucitar, realmente nuestra Fe seria vana; es decir, reconocer como centro de la vida del cristiano, la Pascua de Jesús es definitivamente indispensable, pero lo es también –perdiéndole miedo a la Cruz y al Dolor- venerar y considerar íntimamente la Pasión de Nuestro Señor, como expiación de nuestros pecados.

Los cucuruchos no dejamos a Jesús en el sepulcro cada Viernes Santo, sino únicamente entendemos que el paso previo a la Resurrección, es la muerte y en el caso de Cristo, los dolores y sufrimientos que le antecedieron; en ese orden de ideas es injusto que se critique a los cucuruchos por las procesiones, velaciones y demás actividades, pues lo que hacemos, es únicamente rememorar la pasión, para poder celebrar la Pascua en su perspectiva correcta y en su magnitud inequívoca.

 

san juan: los niÑos en semana santa

A pesar que reconozco la importancia que tienen las procesiones infantiles en Guatemala, como semillero de nuevos devotos, personalmente creo que sin lugar a dudas el anda de San Juan, es vínculo entre éstas y las procesiones “de grandes” y el genuino vivero de cucuruchos. Por supuesto que lo básico y fundamental ésta en casa, en el hogar, en donde cada cucurucho –y muchas veces no somos concientes de ello- se constituye en una especie de héroe cuaresmal, un modelo a imitar.

Volviendo al asunto de la presencia del adolescente apóstol en las funciones cuaresmales en Guatemala, debo mencionar que de manera inequívoca es cargando a San Juan cuando el niño por primera vez se siente participe de los grandes cortejos de la ciudad, se identifica con los templos de donde salen e inician su participación en las actividades que antes estaban reservadas para sus padres, sus tíos o sus hermanos mayores.

Un turno de San Juan, representa para el niño el poder participar activamente un Domingo de Ramos, un Jueves Santo, o una madrugada de Viernes Santo. Estos turnos son el regocijo de los niños y muchachos, pero son de una forma o de otra un dolor de cabeza para los padres de familia, más si el turno del “sanjuanero” de la familia coincide con el que la persona encargada del cuidado del infante (padre, tío, hermano) debe cumplir en el anda del Señor, o bien cuando el turno es tan separado del que corresponde al adulto que obligan a permanecer prácticamente durante todo el trayecto de la procesión. Aun así, a ningún padre de familia cucurucho se le ocurriría que su hijo, pierda un turno de San Juan, y es que uno de los deseos de todo “papá cucurucho” es que sus hijos le acompañen en los cortejos.

La energía propia de la infancia se manifiesta en la avidez por cargar; una, dos, tres, cuadras nunca son suficientes y siempre serán escasos los turnos por cargar. Y allí van, los sanjuaneros vivarachos, con las pequeñas paletinas cargadas de cartulinas que señalan los turnos que les corresponden, con la felicidad pintada en el rostro y con el alma dispuesta a la penitencia Las filas de Sanjuaneros son retozonas y alegres, nunca falta el pequeño cucurucho que lleva una bolsa con agua, una naranja mordisqueada, un chupete con el papel a medio quitar, una bolsa de papalinas, un algodón, en fin... cualquier golosina imaginable. La encargadas de ordenar los turnos – verdaderas heroínas del cortejo- deben entre otras muchas situaciones batallar contra los niños que reclaman con cargar, auxiliar a los más pequeños, atender las consultas de padres de familia, muchas veces deben solucionar el drama de algún niño extraviado y entre tanto alboroto, entre tanto ir y venir por la fila recordando el número de turno que corresponde, en medio del trabajo de ordenar las estaturas de los niños, quizás darse cuenta que el turno que le correspondía para cargar a la Virgen ya ha pasado...

Señales de asombro y de zozobra se dejan sentir desde las aceras, porque San Juan se aproxima en hombros novicios, que hacen que la imagen del discípulo amado parezca un equilibrista; el agotamiento de los timoneles de las andas es notorio, ya que buena parte –si no todo- el peso del anda es llevado por ellos. San Juan, es sin duda un personaje muy importante en el evangelio y sobre todo en la pasión y es un elemento imprescindible para la manutención de estas tradiciones. Dios quiera que siempre haya niños apasionados y padres entusiastas de la tradición para que dentro de muchos años, al observar un cortejo de Semana Santa, podamos divisar a lo lejos, detrás de la Banda de Música de Jesús, y muy cerca de nuestra Madre Dolorosa, la figura del varonil de San Juan, aún y cuando sea en una oscilante e insegura anda.

 

mÁs rÁpido de lo que pensamos

De la Cuaresma y Semana Santa en Guatemala, lo efímero es lo encantador. Ese momentáneo esplendor de color. Aquel fugaz efluvio de incienso, corozo, pino, flores y aserrín; un olor hecho de todos ellos y todos hechos ese olor a semana santa, que se transfunde con el aroma de tierra mojada; ese acorde perecedero que nos hace vibrar en el estertor de una marcha fúnebre que finaliza el turno en una concatenación que suma los sentidos y que nos otorga así ese privilegio divino del inexplicable goce estético que estos días se produce en el guatemalteco. Si durara mas, no sería tan buena; si se repitiera dos veces al año, no sería igual; si redundara a cada momento, no la esperaríamos tanto; es por ello que cuando termina, todo nos lamentamos que pase mas rápido de lo que pensamos.

La magia, el encanto, lo bello de la Semana Santa, es que no subsiste mucho, que persevera entre nostalgia y recuerdo durante todo el año, para estallar en gozo, en entrega y en pasión durante los nueve días que de Sábado anterior a Ramos al Domingo Glorioso hacen sencilla la sublime liturgia, que esplende en andas hechas altares y retablos durante horas que parecen minutos, que vive en minutos que se antojan segundos y que termina en una aguja segundera que se ahoga en la nada. Todo esto sucede en el verano que entre boreal y meridional en el centro del continente americano, viste a nuestro país de sol, cuando Guatemala se convierte en templo, en galería de arte, en sala de concierto; siete días de magia que por efímeros, por momentáneos, por fugaces, por ser tan inmediatamente perecederos, son sin temor a equivocarme los más esperados por muchos, y que pasan mas rápido de lo que pensamos

Y es que conforme avanzan los días que acumulan semanas y que de pronto nos sorprende en un Sábado de Ramos mas… día de entrega de turnos; las contraseñas que han sido celosamente guardadas durante la cuaresma e incluso meses atrás, se canjean por las esperados turnos, tarjetas que en cada entrega se convierten en un misterio que se devela y nos anuncia el turno, el brazo, la cuadra, la marcha, la hora, convirtiendo así la ansiedad e incertidumbre en ilusión y preparativos, que suceden y pasan mas rápido de lo que pensamos.

Ésta magia de lo efímero, de lo pasajero, de lo transitorio es uno de los encantos de la Semana Santa, sin embargo hay que recordar y tener claro que se es cristiano todos los días y que ser católico es un estilo de vida y no una practica momentánea y casi accidental. Lo importante es entonces aprovechar esos momentos de explosión sensorial, para acrecentar el espíritu; la vida es como una lenta procesión que pasa mas rápido de lo que pensamos… y por ello ésta cuaresma del 2008 es la ocasión que debemos aprovechar para la conversión, la perseverancia y el ir un poco mas allá de ser un simple cargador de andas, y comenzar a ser amigos de Jesús, en espíritu y verdad.

Deberíamos todos hacer un compromiso con nosotros mismos y luchar contra las tentaciones que en ésta época se nos presentan mas que en ninguna otra, asumir la responsabilidad de cambiar y ser mejores seres humanos, intentar tener actitudes tal y como si actuado el mismo Jesús si hubiera sido cucurucho… las procesiones, las alfombras, las comidas, las marchas y todo lo que hace bella pero efímera la Semana Santa, son cuestiones secundarias, nuestra salvación y la del hermano es nuestra prioridad. No vaya a ser que luego sea demasiado tarde, que nos percatemos que la vida se nos ha pasado en manifestaciones externas y que cuando tratemos de rectificar nos demos cuenta que la existencia terrenal se nos ha escapado mas rápido de lo que pensamos.

 

¿cucurucho tipo dimas o tipo gestas?

En la pasión de Jesús se dan episodios ante los cuales los involucrados reaccionan de maneras diferentes y la mayoría de veces hasta contradictorias. Sin embargo ninguna contradicción ante los hechos de la Cruz es tan notoria como las posturas que asumen los condenados a muerte con Jesús. Gestas y Dimas (los nombres son lo de menos) son en alguna manera ejemplos de las actitudes que ante la cruz, ante el dolor, y ante la redención tenemos algunos cristianos. La actitud Gestas es de alharaca, de reclamo; es la actitud de quien se sabe un miserable y sin embargo, y por el hecho mismo de serlo cree que lo merece todo; a mi me recuerda algunas actitudes de católicos con que se creen con categoría VIP, que por el hecho de ser cucurucho, creen que todo lo merecen sin pasar por la conversión profunda y verdadera. Queremos premio sin esfuerzo, perdón si arrepentimiento, cielo sin conversión. La actitud tipo Dimas, en cambio es de reflexión primero y de conversión después; esa debería ser la actitud del cucurucho, en tres pasos bien claros: reconocerse pecador, convertirse en auténtico amigo de Jesús y pedir perdón. Muy pocas personas, y Dimas en su calidad de condenado a muerte tuvo ese privilegio, llegamos a conocer de antemano y con certeza el día en que rendiremos cuentas con el Padre bueno y justo. Y vaya si supo aprovecharlo ya que el buen ladrón se “robó” el paraíso al último minuto, pero fue un proceso en que sin duda el Espíritu Santo tuvo mucho que ver.

¿Cómo se convierte un pecador del calibre de Dimas, candidato indiscutible al fuego eterno, en un pasajero directo al paraíso?... Veamos: Para algunos de nosotros las palabras del ladrón son familiares ( Lucas 23, 42) “Jesús, acuérdate de mi, cuando estés en tu reino” Esa frase, es quizá la oración de arrepentimiento y fe mas grande que existe; Dimas en tan pocas palabras, reconoce al Señor como su salvador; lo reconoce como su amigo (ojo, que le llama por su nombre); reconoce su condición de pecador y pide perdón. Hay que notar que el pecador no asume el perdón como un hecho gratuito, sino que lo pide, lo solicita. Jesús acepto esa expresión como un acto de contrición perfecto, tan lleno de fé arrepentimiento y súplica que otorga de manera resuelta el indulto, cambiando muerte por vida, infierno por paraíso.

A los cucuruchos nos anima y gusta ésta época del año, y los personajes de la pasión de Jesús nos son familiares y cercanos. Nuestras actitudes en filas de procesión son tipo Gestas, somos imponentes, altaneros, desvergonzados, escandalosos, creemos que por el hecho de portar una túnica, muchas veces de forma indigna, merecemos la atención de todos, que al comprar un turno, adquirimos “el perdón enlatado”, queremos el paraíso (y a veces lo exigimos) sin pasar por la contrición, el cucurucho tipo Gestas es aquel que pretende ser digno del perdón basado en sus prácticas de tradición y costumbre, que como bien sabemos son hermosas, importantes y fructíferas, pero para nada suficientes. Ojala seamos todo un poco cucurucho tipo Dimas, un cucurucho que sube al calvario, lleno de pecados y debilidades, que se encuentra con su Salvador y Rey, pero le trata como su amigo, que reconoce su condición de perdón y que de manera humilde y sincera no asume que debe ser perdonado, sino que clama por el perdón. Ojala que todos podamos encontrarnos con un Cristo Resucitado que nos diga a cada uno, después de nuestra conversión… “De verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23,43). Porque a la crucifixión por dolorosa que ésta sea, y para Gestas lo fue, sigue el Paraíso, porque todo dolor tiene un final, cuando se afronta con sentido cristiano; porque a la muerte sigue la comunión con todos los que han creído, perseverado y se han convertido. La esperanza del pecador es esa, saber que cuando nuestro amigo Jesús, nos dice: “De verdad te digo…” sabemos que está hablando en serio, pero que ese estar con Él, requiere de nuestra conversión y de nuestra entrega al prójimo.

Todos al terminar nuestra Cuaresma y Semana Santa, deberíamos ser un poco mas cucuruchos tipo Dimas e ir dejando en el olvido, esas actitudes de cucurucho tipo Gestas que algunos tenemos tan arraigadas.

 

coherencia en la vida del cucurucho

SS Benedicto XVI nos enseña: “«sólo la relación entre una verdad consecuente consigo misma y su cumplimiento en la vida puede hacer brillar aquella evidencia de la fe esperada por el corazón humano; solamente a través de esta puerta [de la coherencia] entrará el Espíritu en el mundo» Palabras de nuestro Pastor Universal que parecieran tener dedicatoria especial para los cucuruchos y pareciera ser un eco de las palabras que nos lo dijo (y aquí, en nuestra propia casa) el Juan Pablo II “El Grande”, desde hace mas de 24 años “NO MAS DIVORCIO ENTRE FE Y VIDA”. Este es quizá el mas grave problema que aqueja al mundo cristiano (y por ende a los cucuruchos): el divorcio constante y cotidiano entre lo que decimos creer y nuestras actitudes de vida.

La coherencia (actitud lógica y consecuente con una posición anterior) es vital en la vida de cucurucho, no podemos ir de túnica cargando andas por doquier si no contemplamos la vida desde un punto de vista eminentemente cristiano; no podemos hacer miles de alfombras si no tratamos de hacer un poca mas leve el caminar del prójimo mas necesitado; no podemos cargar turnos de honor, si no honramos nuestros compromisos, eclesiales, sociales y familiares; no podemos coleccionar fotografías de nuestra bellas imágenes, si no llevamos impresa en el alma la figura de Jesús Vivo; no podemos tomar un brazo en nuestro turno, si hay algo que debemos a nuestro hermano, y de ser así deberíamos salir al encuentro de ese hermano, reconciliarnos con él y luego volver a presentar nuestra ofrenda de amor a la imagen de nuestra devoción. No podemos ser incongruentes y llevar una doble vida, tener un doble hogar, profesar una doble moral y enquistar en nuestro comportamiento los aspectos que hacen que muchos, católicos o no, critiquen al conglomerado de cucuruchos.

Esta generación –joven, intrépida y valerosa- debe ser agente de cambio en el movimiento de pasión en Guatemala, debe cortar de tajo con el “antitestimonio” que pulula en las filas de las procesiones y en los salones de las hermandades ese divorcio entre fé y vida que como un cáncer se adentra en los movimientos de laicos de toda clase y tipo y se enraíza en el clero y en la jerarquía. No podemos ser cristianos de catecismo de papel y Biblia en mano; debemos ser cristianos que adopten el estilo de vida de Jesús en su propia vida y apliquen la palabra a la luz de la tradición. Esta generación es la llamada a provocar que las cosas evolucionen, que muten hacia una religiosidad popular, que extraiga la esencia de las cosas y proclame de manera sencilla y franca la fé ancestral de un pueblo. Nuestros mayores, cucuruchos venerables y sabios, nos dieron las pautas; a pesar de sus debilidades y de su defectos, de las dificultades y errores, ellos tejieron los urdimbres en los que hoy, descansan nuestras tradiciones; los nuevos aires de evangelización han sido bien adoptados por las cofradías y hermandades, probando así que las procesiones y su entorno son susceptibles de adaptarse a los nuevos tiempos, en los cuales con la dinámica del evangelio y del testimonio de vida de los cucuruchos, daremos paso a cortejos evangelizadores, promovidos, dirigidos y coordinados por cucuruchos evangelizados. La vida sacramental es vital para lograr ese objetivo, la vida de oración, la limosna bien ejercitada, el ayuno dirigido a mortificar el cuerpo para potenciar el alma y la lectura de la escritura son también aspectos que no pueden estar divorciados de la túnica y el capirote. Y todo ello debe hacerse en la intimidad, en la humildad, desde la fila; y mas aún fuera de ellas y sobre todo si tenemos algún cargo de responsabilidad en la estructura del movimiento de pasión de Guatemala. No vaya a ser que el lamento de Jesús (Mt 23,5) «todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres», se aplique a todos aquellos que utilizan la expresión popular religiosa, para su beneficio social y su engrandecimiento público, ellos deberán rendir cuentas en su juicio particular… que Dios tenga misericordia de nosotros !!!

El Hermano mayor del hijo prÓdigo

Jesús ha sido el maestro más grande que ha existido; y también uno de los mejores comunicadores. Su método de enseñanza es sin duda alguna, perfecto; hablaba muy bien, pero actuaba mejor; sus palabras convencen, pero sus ejemplos arrasan. Las parábolas son una fuente inagotable de sabiduría, de esa manera hablando con el lenguaje natural y básico de quienes le escuchaban, logro transmitir su mensaje. Siendo así que quienes le escuchaban, no sentían las horas que transcurrían en la predicación.

En medio de ésta Cuaresma voy a referirme a la parábola de “El Hijo Pródigo” o mejor llamada “El Padre Misericordioso”, ya que el protagonista de la misma es el Padre que al retorno del derrochador y vicioso, no deja hablar al hijo, sino que le cubre de besos, le viste con túnica nueva, le coloca un anillo al dedo, manda a matar a la mejor pieza de ganado y hace una fiesta. Es decir le perdona. Hasta aquí la historia pareciera ser una mas acerca de la misericordia divina, (capitulo 15 de Lucas); sin embargo hay que volver los ojos a aquel personaje de la parábola que aparece al final: El Hermano Mayor, que de manera abrupta e iracunda reclama al padre su actuar, ya que -según su criterio- el hijo arrepentido no merece la fiesta, y reprocha que él que ha sido fiel y respetuoso de la casa paterna, nunca se le ha dado el privilegio de una celebración con sus amigos. Muchas veces hemos sido ese Hermano Mayor, intransigente y con tintes farisaicos.

En ese punto es donde habría que reflexionar y meditar acerca de cuantas veces nos comportamos como el hermano mayor y no entendemos la forma de obrar de la misericordia divina. ¿Cuántas veces creemos que el “recién llegado” a una hermandad no tiene derecho a los privilegios de quienes se sienten más que otros en virtud de un cargo o distinción? ¿Cuántas veces hemos sentido tristeza por el bien ajeno, (un buen turno por ejemplo) enmarcado en un sentimiento en el cual nos invade la envidia y la soberbia? ¿Cuántas veces cuestionamos a Dios cuando vemos a alguien (que según nosotros no es digno) portar un cargo en un cortejo? ¿Cuántas veces nos hemos sentidos “dueños de casa” en una procesión, asumiendo que tenemos derecho a trasgredir normas y reglas? ¿Acaso no juzgamos (sin caridad cristiana) a quien a nuestros ojos es un pecador, sin conocer la intimidad de su corazón? ¿Acaso no generalizamos y creamos estereotipos de “cucuruchos” solamente por el uniforme que portan o la imagen que procesionan? ¿Acaso no es común la comparación (muchas veces peyorativa) de andas, bandas y parafernalia? Todas esas actitudes propias de Hermano Mayor con los hijos pródigos que se acercan en éstas fechas al cobijo de la misericordia divina, deben ser eliminadas; la oración y la frecuencia en los sacramentos (en especial la penitencia y la eucaristía) ablandarán nuestro corazón y nos permitirán crecer en la vida de Iglesia, entendiendo así que El Padre tiene maneras misteriosas de actuar. Nosotros los cucuruchos deberíamos intentar ser esta semana santa un poco menos Hermano Mayor y acoger a semejanza del Padre, al pecador que en contrición perfecta acude a nuestra casa, a la Santa Madre Iglesia Católica.

Finalmente, habría que apuntar la respuesta del Padre al hermano mayor… dice la palabra que dijo al hijo mayor (el fiel y bueno) “Hijo, tu estás siempre conmigo, todo lo que tengo es tuyo… pero hay ocasión de fiesta en casa, pues el hijo que estaba muerto ha vuelto a la vida, estaba perdido, y ha sido encontrado” Que esa palabras, (que parecen dirigidas a nosotros, los cucuruchos) sean el fundamento de ver y tratar a esos hermanos pródigos con la misma misericordia que El Padre lo hace.

santa semana

Cada año, cuando promedian los días entre marzo y abril, y a la luz de luna llena se ocasiona en los católicos una explosión de entusiasmo que nos hace sentirnos bien. Llega la Semana Santa, siete días que se han convertido para muchos en un escape espiritual, un momento para cumplir con lo establecido, para continuar la tradición, para emerger emocionados entre el folklore y la costumbre; y me parece que esta bien, que es mejor eso a nada, pero sin duda alguna no es suficiente. Todavía hay antitestimonio en las filas de procesión, aún hay cucuruchos que no saben que el cargo que portan no es el que merecen pero si el que les corresponde; es latente en muchos cargadores la cortedad espiritual, el divorcio entre lo que dicen y hacen. Y no voy a tirar la primera piedra, ni ando buscando la paja en el ojo ajeno, pues correría el riesgo de salir lapidado y darme de frente con la viga que llevo desde hace años, pero si debo que señalar que el movimiento de pasión no goza de buena salud y esa explosión aparente de bienestar es consecuencia de la poca profundidad de las acciones de todos los involucrados en las prácticas de éste tiempo litúrgico.

Todos los que portamos una túnica –debemos aceptarlo- necesitamos de ese factor emocional que nos brinda bienestar, a todos nos gusta el olor de incienso y corozo, a todos nos quiebra sentimentalmente una marcha y todos veneramos con sincero amor a nuestras imágenes. Pero así nada mas, todo ello es sin duda un festival religioso sin sentido si no hay un cambio real en nuestra forma de ser, si no aspiramos a la unidad y a un crecimiento espiritual constante, a un deseo y practica de aprender mas de nuestra Iglesia, a un abrirnos al prójimo en una caridad no emergente sino consecuente. Sin conversión, la Semana Santa no es mas que un engranaje –bello y memorable- de religiosidad que se nos hace llegar desde años atrás, que oímos sin escuchar; que bebemos sin absorber; que comemos si digerir, en resumen “mucho ruido y pocas nueces” La radio, la televisión, los calendarios, los suplementos de los diarios contribuyen a ese ruido y en muy pocos y excepcionales casos nos dejan un sedimento de formación que sea vital para la vida cristiana, en ese ambiente se desarrolla la Semana Santa de 2008

Pero en fin, empezamos una Semana Santa mas… y debe ser para cada quien una Santa Semana, cada cucurucho debe examinar como ha vivido su Cuaresma, y sobre todo como ha planificado vivir el Triduo Pascual, que ojala sea apegado a la liturgia de nuestra Iglesia y no simplemente adherido a prácticas y costumbres que sin el soporte de la tradición, la liturgia y la palabra se tornan vacías. La misericordia divina es inconmensurable, hoy cuando estamos a las puertas de la Semana Santa, -ese semana tan esperada por todos- nos encontremos con Jesús en la confesión y nos hagamos uno con él en la eucaristía y en el prójimo. Nunca es tarde para volver a los brazos del Padre, nunca es tarde para hacer vida las palabras que escuchamos al momento de la imposición de la ceniza “Conviértete y cree en el evangelio” A todos les deseo un buen turno, eso significa no una buena marcha y una cuadra larga sino que cada vez que coloquen su hombro en la almohadilla sea un instante de oración que nos prepare para la fiesta de la Pascua. A mis amigos cucuruchos y cargadoras les deseo fraternalmente que el Padre les conceda lo necesario material y espiritualmente para tener una Santa Semana y que el manto protector de Nuestra Madre de los Dolores nos proteja siempre.