EDITORIAL

 


 

Guatemala se convierte en una vergüenza para todos. No sólo por sus constantes escándalos políticos, que nos muestran a un "presidente" con minúsculas. Sin honor, sin honradez, mucho menos con hombría. Un grupo de buitres que se mueren por seguir esquilmando al tesoro nacional y con ello a los guatemaltecos. Nos hemos convertido en un país que se merece cuanta maldición pueda descender de los cielos, un país en el que ultrajan a unas inocentes e indefensas niñas de menos de seis años y las inútiles "autoridades" no hacen nada. Somos un país donde se asesina y tortura a un bebé y el responsable se esconde ahora tras una biblia y todos dicen "ha cambiado" y así se pasan los días, los meses y la condena, así como la sentencia no llegan. Un país que le permite a un ladrón irredento como Alfonso Portillo, comprar su "libertad" y pactar su inocencia ante corruptos jueces y la pasividad de todo un pueblo.

Tanto al inicio de la Cuaresma, como al llegar la Pascua hablamos hasta la saciedad del necesario cambio o de las consecuencias que nuestra Patria sufriría. Ahora estamos viviendo un verdadero infierno en la tierra. Se asesina, roba y ultraja a placer. Nadie hace nada, nadie defiende a los débiles, a los pobres y a los abandonados. ¿No hubo conversión? ¿Nos hemos convertido en un país de salvajes? Dios quiera que no. Dios quiera que aún exista esperanza. Esperanza de tomarnos el tiempo para escuchar la voluntad divina y coincidir con ella. Constantemente escuchamos que los buenos somos más y que podemos hacer un cambio. Pues ya es hora de ver este enunciado en acción. Amén.

 

antonio pinillos s

Cartabones y Ciriales

Concluye el período pascual con la Ascensión del Señor y Pentecostés. Y parece un buen momento para volver a ver hacia el cielo, sin dejar de ver a nuestro alrededor.

Y es que pareciera que en estos días es difícil encontrar aspectos positivos en nuestra querida Guatemala Seguramente podemos encontrar cualquier razón para decepcionarnos. Sigue la violencia, las autoridades lejos de unir nos dividen, la economía aprieta, la salud advierte llegada de epidemias con tintes apocalípticos, el clima es tan impredecible como irreparable... en fin.. parecieran muchos males

Pero dentro de la fe cristiana, es buen momento para elevar nuestra mirada al cielo y recordar la promesa de aquel que no sólo dio su vida por nosotros, sino que también nos hizo una promesa que nos debe tranquilizar: "yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos". Es dificil encontrar a Jesús en estos tiempos. Pasa desapercibido. Hasta tenemos la tentación de evocar al mismo Jesús y decir "Padre, ¿porqué nos has abandonado?

Pero no nos abandonó. Por el contrario está junto a nosotros Sufriendo y llorando junto a nosotros, protegiendonos, animándonos, cumpliendo su promesa.

Equivocadamente se critica que los católicos somos muy contemplativos. Pero en mi opinión, nada más alejado de la realidad en esa concepción Los católicos pertenecemos a una Iglesia activa, que busca el bien propio y de nuestros semejantes en todo momento. No solo con la oración, sino con la acción, con tener primero nosotros la convicción en nuestros actos para luego llevarlo a los ambientes donde nos encontramos a cada momento Y principalmente la esperanza, esa que hace que los cristianos no nos crucemos de brazos simplemente esperando los mejores momentos, sino que nos invita que porque estamos convencidos de que se puede alcanzar algo mejor, lo buscamos en nuestro diario actuar

Por ello en los momentos de desesperación y duda que como personas, familias y nación vivimos es bueno recordar esa parte del evangelio donde se cuestiona a los apóstoles respecto a que buscan en el cielo, el Jesús que dio la vida por nosotros ya está en los cielos y en su momento regresará como Rey que es, mientras tanto nosotros debemos trabajar para preparar su reino, principalmente por que lo necesitamos nosotros, nuestras familias, nuestros ambientes.

Cuando las fuerzas nos abandonen pues basta recordar las promesas que nuncan fallan Él, Jesús, estará con nosotros hasta el final de los tiempos.

lic. juan francisco romero martÍnez